Cuando llegaron al acto, el capitán Alessandro [hidden] no contestó al teléfono. A las 5 de la tarde, bajo el calor africano en Marsala, nos hizo dejar las maletas medio desatendidas en el muelle.
Luego nos hace firmar un contrato con su empresa individual [hidden] (nunca me pasó cuando reservé con SS, que es mi único contrapunto contractual), un contrato del que no nos da una copia pero del que, aunque esté prohibido, me permite hacer fotos a petición mía.
Al pago del "pack de servicio" (130€) que incluía 'toallas/sábanas y diésel (lo cual no es insignificante en teoría, pero luego ya veremos..). Le digo que en ese momento solo tenía 125 y que le daría los otros 5 más tarde. Él responde: 'tú te ocupas de tus asuntos y yo los míos'. Tú me das 140 y yo te devuelvo 10 minutos. Y así se hizo, según la primera Orden del Comandante.
Se decide 100 € por persona para el fondo común / cocina inicial. Se señala que, además de los 6 de la SS, había una séptima, bengalí pero también británica, que más tarde descubrimos que era la compañera de Alessandro, que la había registrado en la SS de forma independiente. Aunque alguien más hubiera torcido la nariz desde el principio, no había problema, al menos para mí, de hecho positivo para la práctica del inglés. Sin embargo, cabe señalar que la cocina estaba incluida solo para el capitán y, aunque no sin reticencia, él pone su parte por ella.
Los seis SS vamos a hacer una cocina, tras una lista preparada en el municipio. Al volver de la cocina, Alessandro empieza a gritar porque, según él, habríamos llegado tarde (tenía que irse a dormir o hacer otra cosa con su pareja en su casa, porque aparentemente así es como suele hacer los sábados por la noche) y porque solo habríamos bebido 5 cajas de agua. Le respondí que 5 x 6 x 2lt hacen 60 litros y, por mucho calor que haya, teniendo en cuenta que el martes por la noche como muy tarde habríamos estado en puerto y que también había otras bebidas (Coca, etc.) habrían sido suficientes, y que de todas formas habría tenido cuidado (aunque con un desgarro en los cuádriceps) de ir a por ellas (al final) y si se hubieran acabado antes, aún habría estado el tender. Allí también empieza y dice: "¡tienes que hacer lo que yo diga!". Prohibido por el tono raso del barrio, cansado de haber corrido por toda la megatienda de Decò y por la tarde de llevar bolsos incluso para terceros, me permito sentarme en el banco con S., que sufre de una patología que no le permite hacer demasiado esfuerzo y le dejamos cargar las bolsas en el barco ya que Decò las había entregado gratis en el muelle dado los 706€ y la compra rota hecha. Nos saluda. Alguien le llama de vuelta, no recuerdo por qué. No contesta. Un barrio increíble. Con la ayuda de S., el único otro hombre, moví el toldo superior (era de noche) y el delantero para dejar pasar el aire. Cenamos. A la mañana siguiente salgo de la cabaña y Alessandro se me acerca y me dice: "no tienes que tomar iniciativas, ¿entiendes????". ¡No te permitas tomar más iniciativas en mi barco! ¡Porque si no, te dejaré desembarcar!" Se refería al movimiento de los toldos... En ese momento, sin saber si podía moverme a la derecha o a la izquierda en el barco, le pregunté si podía llevar gafas y me dijo que sí, y luego si podía conectar el Bluetooth al estéreo, pero me respondió: "¡usa el flip 4 (Nota del editor: 10/15w)!" Yo gestiono la radio... ¿entendido? "Al cabo de un rato veo que conecta el móvil y pone música casi solo a su gusto. Pasaron unas horas y, con la música ya apagada, le pregunté si podía conectar el móvil o si temía tener un virus en su equipo de música. Con dificultad, pero se consiguió la concesión, pero el martes por la tarde, ya en puerto en Marsala, se aseguró de desprender el panel frontal y hacer desaparecer el pequeño altavoz BT. Quién sabe, quizá como hay algunas normas que respetar, pensó que podríamos haber hecho como su amigo Fichetto el miércoles por la noche, cuando desde un Cat51' fletado (así que cmq con otro tipo de sistema y no como Alisea propiedad directa de Alessandro) escucharía música a todo volumen en el puerto de Favignana. Le echo una mano cuando le pido la línea en la boya. Intento tranquilizarlo hablando con él y haciéndole hablar de su barco, la gestión, etc., dándole consejos dentro de mis conocimientos, principalmente en asuntos administrativos o contables, pero nada... En un momento conseguí pensar que quizá se enfadó porque yo también recurría a su pareja a veces con la intención de practicar inglés.
En esencia, los días siguientes el toldo y la linterna frontal siempre encendidos a todas horas del día y de la noche. Tender siempre arriba, sin posibilidad de que S y G respiraran porque el ojo de buey estaba justo encima y para que todos se tumbaran (todos en la cabina murieran de calor y se amontonaran). Las velas nunca se levantan. Solo Favignana (el diésel de tarifa plana estaba evidentemente bien de por sí, porque quizá él pagaba las vacaciones de la chica). Cataclismos naturales que nunca habían ocurrido, así que Marettimo está prohibido (en 2017 vi TT y 3 con paradas en Zingaro, Scopello, LoCapo...). Cuando le pida disculpas el miércoles, quizá podamos subir el tender con la cuerda, quizá en vertical, para que S y G respiren y podamos tumbarnos. Respuesta: "NO, ¡asegurémonos de que puedan abrir el ojo de buey!" ¡La lancha es así!" Además, estaba a punto de tirar de la sábana para levantarla, sin darse cuenta de que su manía algo obsesiva por el control y la seguridad de su barco, su principal si no único activo, le había llevado a poner una cuerda de seguridad adicional entre los dos bolardos laterales y, al levantarle, le dije que haría daño. En ese momento me permitió quitar la cuerda, pero por la tarde, luego en el puerto de Favignana, me hizo desembarcar con la intervención de los Carabinieri, quizás también porque, cuando me ordenaron lavar los platos, respondí que quizá su compañero también podría hacerlo, que había estado tranquilo y feliz durante 4 días sin hacer mucho.